Entre La Saiba y la Caraguay hay una avenida. Entre La Caraguay y el Barrio Cuba un Camal. Entre el Camal, La Caraguay y el Barrio Cuba debe haber algunas diferencias, pero les aseguro que estas dos plazas comerciales actúan como tumor en expansión en la vida del barrio. Y de aquello estoy más segura desde el último notición que se armó el 3 de febrero del corriente: Informales Camaleros vs. Metropolitanos.
6:45 am, el despertador no había sonado pero las sirenas actuaban como eco sustituto del sonido de cualquier teléfono, reloj o gallo multiplicado –siete veces siete–. Mientras me alisto para la salida cotidiana imagino a los bomberos haciendo escándalo, a veces pienso que estos hacen en medida de sus sirenas. Salgo a la calle. ¡Sorpresa! Los policías invaden la entrada a La Caraguay, son las 8 a.m. Intento tomar la metrovía pero la curiosidad me puede.
Versión 1: Malsano al narcotráfico
A la entrada de La Caraguay la gente se cuestiona la presencia de tanto uniformado –metropolitanos y policías–. Le pregunto a una señora si sabe algo y para mi confusión y motivación responde “Han encontrado una embarcación con droga, ahí metida en los pescados estaba la coca”.
Lo primero que se viene a mi mente es que me encuentro ante una nueva vía del narcotráfico ¡Oh, no! Ya debe haber mafiosos viviendo en La Saiba, y me hago la idea de todo un cartel armado en complicidad con toda esa gente tan bonachona que frecuenta las esquinas los domingos por la tarde y por las noches durante toda la semana ordinaria. Esa gente a la que con tanto entusiasmo saludo al llegar a casa. [Nota mental: Puedo estar siendo víctima de vigilancia de mafiosos, los guardias no han de ser cualquier tipo de dealers, el comercio es directo y el sur sí está jodido].
Intento bajarle a la especulación paranoica que se atajó en mi cerebro. Camino, doy unos pasos más, giro a la izquierr. Detrás del comisariato, avanzo una cuadra, aprieto el teléfono, el bolso y el abrigo. [Nota mental: quiero ser periodista pero no andar sola en el oficio. Ya ha de tocarme.]
Versión 2: Ataque informal de barrio
Llego al Barrio Cuba, luego de pasar unas cuadras de “La Iglesia de los Santos de los últimos días” mal ubicada entre la concordia de la rebeldía [Nota mental: si estos gringos quieren evangelizar deberían empezar buscando la paz]. Una vez más ¡Sorpresa! Hay una honda disputa entre Policías, Metropolitanos, Informales Camaleros –estos últimos no son cualquiera–.
Donde uno ve Metropolitanos ya se puede más o menos imaginar qué atentado se está formando. Se empieza a configurar el panorama real, no hay ni drogas ni pescados. Unas cuantas vísceras, unos cuantos bates, pero todos gritando. Los metropolitanos con su postura erguida de siempre, con la potestad que les ha dado algún ser de mala procedencia, se ven siempre al ataque. La policía intenta calmar el asunto. Sigo preguntando “es que estos no saben respetar ni la casa de uno” me dice una señora junto a mí mal parqueada. Otra se nos arrima para lanzar el comentario bendito de la jornada “Esto pasa porque no encuentra a Dios en su camino” [Nota mental: Sí, sí señora, si encontraran a Dios en su camino tal vez el conflicto fuera otro, pero se encontraron a los Metropolitanos y como escuché cerca “No están en la bahía, nosotros somos camaleros, no nos dejamos”].
Versión 3: La prensa siempre presta
Comenzaron a llegar las camionetas de los verdaderos medios de comunicación, siempre en conjunto. Por ahí andaba José Delgado, el Universo y TC, ya dirán algo, pensé. Luego leí la verdad de la prensa y resulta que los Metropolitanos llegaron a desalojar a los vendedores de vísceras de res ubicados fuera del Camal Municipal “(…) pero los comerciantes no obedecieron. Con los mismos cuchillos que abren la carne se armaron para impedir el desalojo”, informó Diario El Comercio.
Quedó demostrado que los Informales Camaleros no les tienen miedo a los Metropolitanos. Están conformados en un barrio y saben cómo defenderlo. Esta vez intervinieron los policías para salvaguardar la seguridad del sitio y sus ciudadanos, pero los del barrio podían solos –de seguro algunos se habrían quedado sin ganas de volver–.
La gente que se divide entre el Barrio Cuba, el Camal y La Caraguay sabe de su trabajo y que el sitio al que han llegado está construido por ellos, al menos por una mayoría. Ellos saben que al barrio se lo defiende con garras para no dejarlo en cenizas ni toletes.
[Nota de la autora: No les dejo fotos porque como comprenderán estaba sola con el temor de ser abordada por algún camalero, caragüense, policía o informal. Me hubiera quedado sin nada. Pero les aseguro que pueden encontrar de todo en la prensa, menos lo que les dejo].



